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Carlos M. Vilas

Universidad Nacional de Lanús

Uno de los aspectos más visibles de los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) fue el activo papel desempeñado por el estado en el desenvolvimiento de la economía y las relaciones entre clases y otros actores sociales. La consigna “recuperar la política”, tuvo como complemento “recuperar el estado” como herramienta de gestión política y de involucramiento activo en una variedad de asuntos que en la década de 1990 fueron considerados ámbitos propios del capital o de la libre autogestión de la sociedad civil –en su acepción neoliberal de “arréglense como puedan”. La asunción de nuevas funciones y la reformulación de otras ya en ejercicio demandaron la ampliación y la transformación de la red de instrumentos de intervención y gestión y, en consecuencia, mayor dotación de recursos fiscales, materiales, humanos y técnicos, un nuevo modo de vinculación del estado con el conjunto de la sociedad, y una redefinición de las vinculaciones externas. El “regreso del estado”, de acuerdo a otra de las consignas de entonces, fue también regreso al estado como arena política donde las clases sociales dirimen sus conflictos y como herramienta de construcción de poder. La contradicción entre estado y mercado, de acuerdo a la interpretación convencional de la época, enturbió con frecuencia la comprensión de que el conflicto y los acuerdos entre uno y otro son modos de manifestarse la dinámica de las fuerzas sociales, los intereses en pugna y las respectivas visiones de la organización y la orientación del conjunto social.

Lo verdaderamente relevante en este viraje, porque marcó un claro contraste con la etapa precedente y apuntó hacia los nuevos horizontes de la acción gubernamental, fue el cambio de los objetivos que habrían de orientar el desempeño estatal y, por lo tanto, los aparatos, procesos y herramientas institucionales y los recursos movilizados a esos efectos. En esta medida las transformaciones en el estado y en su desenvolvimiento no sólo implicaron la modificación de su dimensión administrativa u operativa, sino un principio de institucionalización de una fórmula de poder político que promovía al rango de interés nacional la respuesta a gran parte de las demandas y expectativas del amplio arco de actores que habían sido severamente afectados por el régimen de convertibilidad y la profunda y extendida crisis social y política en que desembocó en 2001-2002.

El kirchnerismo surgió de esa crisis; por razones de necesidad política tanto como por preferencias doctrinarias, tuvo en el estado su principal herramienta de acción. Lo primero derivó de las circunstancias que rodearon el arribo de Néstor Kirchner al gobierno nacional; lo segundo obedeció a su trayectoria política y personal.

Este texto resume los que el autor considera rasgos principales del kirchnerismo y propone una interpretación del mismo que pone énfasis en la articulación de factores políticos y económicos, frente a cierta tendencia en poner el acento en unos u otros. La tesis central del trabajo es que el rasgo central del kirchnerismo consistió en el impulso a una estrategia de desarrollo que veía en la expansión del consumo de las clases populares un estímulo a la inversión productiva y al crecimiento y una dimensión social de la democracia. Esa estrategia implicaba condiciones de viabilidad político-institucional y no sólo económicas, que la emparentaron con la trayectoria tradicional de la economía política del peronismo y, más difusamente, con las estrategias populistas de acumulación. Las características predominantes en los escenarios y actores previnieron la reedición de intentos pasados; el reconocimiento realista de los nuevos relieves del mapa político-económico y cultural de la sociedad y del mundo permitió al kirchnerismo abrirse paso en medio de múltiples restricciones. Sin perjuicio de sus limitaciones y ambigüedades, el kirchnerismo generó crecimiento y distribuyó socialmente sus frutos a lo largo de doce años. Sin embargo no modificó la configuración estructural de la economía argentina ni sus modos predominantes de vinculación externa; es discutible que lo haya buscado, pero si lo buscó existen hipótesis que argumentan por qué no lo consiguió. La herramienta estratégica de su desempeño fue el estado y en esa fuerza estuvo también su debilidad: en la democracia argentina la conducción del estado es, por definición constitucional, transitoria.

 

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